Alaska con 1.717.854 km² (3,4 veces España), es el estado más grande de los EEUU. En 1867, William H. Seward negoció la compra de Alaska al zar Alejandro II de Rusia por 7,2 millones de dólares y lo que al principio generó muchas críticas, finalmente fue un gran negocio, al descubrirse oro en el Yukón.
En el interior de este territorio frío y absolutamente salvaje, se encuentra la joya de la corona: el Parque Nacional Denali, constituido en 1917, que con sus 24.585 km² (77% de la superficie de Cataluña), es el mayor ecosistema protegido del mundo, albergando numerosas especies de plantas y flores, mamíferos, aves y peces. Pero los animales comúnmente avistados son los osos grizzly, el caribú, el alce, los lobos, los zorros y el águila real. Ese impresionante espacio
natural que alberga tres ecosistemas únicos: taiga, tundra y región
alpina, está presidido por el Monte Mckinley con 6.194 m., la montaña
más alta de toda Norteamérica. Los atabascanos
lo llamaban Denali ("el más alto") y se encuentra en la cordillera de
Alaska, a una latitud de 63º N. y a menos de 300 km. del círculo polar
ártico, en un entorno muy hostil, considerándose la montaña más fría del
mundo, con temperaturas de 50ºC bajo cero.![]() |
Autor: Threat to Democracy |
Accedimos al P.N. Denali por Healy, y un poco más adelante llegamos al Denali Park Hotel, con apariencia de motel con barracones y tres vagones de ferrocarril que albergan la recepción y un bar. Uno de ellos es de 1943 y lo utilizaron las tropas americanas en la Segunda Guerra Mundial.
En los últimos días de junio, la luz solar se prolonga más allá de las doce de la noche, amaneciendo de nuevo a las tres de la mañana, por lo que teníamos dificultades para conciliar el sueño, aunque el cansancio que acumulabamos lo favorecía. El día siguiente, nos despertamos a las cuatro de la mañana, para tomar la excursión en un autobús, con aires de escolar, al mítico Wonder Lake, atravesando el parque (150 km) y con una duración aproximada de 6 horas. El conductor-guía con tono de voz al estilo de Leonard Cohen, explicaba todos los detalles del parque con un sonido poco inteligible para nosotros, por lo que nos ubicamos al final del bus. Al detectar algún animal, el conductor detiene el autobús y todos los pasajeros disparan al unísono sus ráfagas de fotografía, luchando por disponer de una pequeña porción de ventanilla para apuntar bien con el objetivo.


Durante el recorrido, realizamos tres paradas en centros de interpretación de los ecosistemas existentes. Una oportunidad única para contemplar los maravillosos paisajes que rodean al McKinley. Finalmente llegamos al lago Wonder, con la ilusión de realizar una caminata y degustar nuestro picnic. Sin embargo, el lugar estaba infectado de mosquitos y tuvimos que retirarnos precipitadamente al autobús para poder desayunar.
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Lago Wonder - Dave Bezaire & Susi Havens-Bezaire |
Un poco más adelante, el vuelo ampuloso y espectacular del águila, parecía coronar un día especialmente intenso en emociones, en medio de las montañas más salvajes de Alaska.
Acomodados en la diminuta cabina, cruzamos los dedos y despegamos desde una pista muy reducida, acorde con el tamaño del mini aeropuerto. El viento no sopla con mucha fuerza y el piloto sitúa la avioneta rápidamente por encima de un manto blanco de nubes. A pesar de que todos estamos intercomunicados por micrófono y auriculares, el paisaje a vista de pájaro será tan imponente, que la comunicación entre nosotros se reducirá a algunos murmullos y suspiros, porque la grandiosidad del momento todo el mundo la quiere vivir intensamente.
Primero divisamos ríos de aguas turbulentas, que cruzan el fondo aluvial de amplios valles, bien alimentados por el derrame permanente de las franjas de hielo existentes en las laderas de las montañas. Más adelante, apareció la característica región alpina, con infinidad de lenguas de hielo que avanzando por la acción de la gravedad, van labrando el suelo y la configuración de los valles.


Y finalmente estamos frente al mismísimo señor de este continente plagado de glaciares: el Mckinley. Rodeamos en nuestro vuelo dos veces el majestuoso monte, para inmortalizar en nuestro pensamiento y corazón una vivencia única. Un viaje de dos horas, que en un día soleado, representa una experiencia inolvidable.
Nos despedimos de Denali, con el sentimiento de que hemos tenido el privilegio de aproximarnos a un entorno donde la naturaleza y la vida salvaje es omnipresente.
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