martes, 8 de enero de 2013

Navegando por el Cabo de Hornos

El Cabo de Hornos (55º59’ S 67º16’ O) es el extremo meridional de la Isla Hornos, la más austral del archipiélago de las Islas Hermite, en la región más austral de Chile. Es también el más austral de los grandes cabos (Buena Esperanza en África y Leeuwin en Australia). El Cabo de Hornos se encuentra en el fin del mundo, donde termina América y donde el Océano Pacífico y el Atlántico se dan la mano y crean un solo mar. En 1525 una expedición española al mando de Francisco de Hoces, a bordo de la carabela “San Lesmes”, se enfrentó al llegar al Estrecho de Magallanes a una fuerte tormenta, que le llevó hasta los 56º S y pasaron por primera vez el Cabo de Hornos. Más tarde James Drake y los navíos holandeses siguieron esta ruta para ir del Atlántico al Pacifico o viceversa. Los holandeses llamaron al promontorio Kaap Hoorn, en honor al puerto holandés de donde zarparon y confusiones posteriores condujeron al término Hornos. Hasta que se abrió el Canal de Panamá en 1914, era la única vía marítima que permitía comunicar la costa atlántica de EEUU y Europa con la costa pacífica.

El Cabo de Hornos se considera el paso marítimo más peligroso de la Tierra. Muchos marinos han fallecido al intentar la hazaña de pasar el Cabo. En estas latitudes los vientos pueden moverse de oeste a este alrededor del planeta debido a la inexistencia de tierra y llegan a ser fuertísimos, provocando a su vez la formación de altas olas. Justo en la zona del Cabo de Hornos la profundidad del mar es menor y las olas se convierten en más cortas y empinadas, alcanzando alturas de más de 30 metros. Otro obstáculo importante para la navegación, es la aparición de icebergs, según la época del año.
Navegamos con el Infinity de Celebrity Cruises, partiendo de Puerto Madryn hacia nuestra siguiente escala, Ushuaia. Un magnífico barco, construido el año 2000 con una eslora de 293 m y una manga de 32 m, desplazando 91.000 Tn y con más de 2.000 pasajeros a bordo. A nuestra memoria nos vienen las dimensiones de las carabelas y galeones con las que valientes marinos se enfrentaron a estas embravecidas aguas, denominadas como “la puerta del infierno”.

La noche anterior a nuestra llegada al Cabo de Hornos, el mar se enfureció y los cabeceos y meneos del barco interrumpieron nuestro sueño a las tres de la madrugada. En el silencio de la noche, un ruido metálico que golpeaba rítmicamente nos inquietaba, más tarde supimos que le llamaban el "azote del mar" y era producido por la colisión de las fuertes olas contra el casco del barco. Intentar caminar o acceder al baño resultaba muy incómodo por los bandazos a que te enfrentabas. Sobre las ocho de la mañana, el capitán tranquiliza a los pasajeros, y anuncia que espera que las condiciones de navegación mejoren a partir de las diez horas, recomendando mantenernos en nuestras cabinas. A pesar de haber realizado 14 cruceros y 2 travesías transatlánticas, jamás habíamos tenido una experiencia igual. Recordamos tristemente que sólo unas semanas antes se había producido el naufragio del Costa Concordia y nos hacíamos reiteradamente la pregunta: ¿Qué se nos ha perdido a nosotros en estas aguas? Quizás la respuesta esté en el poema de Kavafis, que escribió rememorando a Homero:
Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.
Por fin, nos atrevemos a salir a cubierta y comprobamos que el tiempo es sumamente cambiante, a ratos muy ventoso, frío y plomizo, más tarde la visibilidad mejora. El mar aparece apacible por el momento, aunque su color azul negruzco y las nubes grisáceas que le rodean, amenazan con que su furia pueda volver con inusitada fuerza en cualquier momento. Navegamos próximos a islotes con acantilados de afiladas rocas y de nuevo sufrimos el envite de los vientos, emocionados por la proximidad de avistar el famoso cabo.

Recordamos que según la tradición marinera, estamos a punto de obtener el derecho a colocarnos un pendiente de oro en la oreja izquierda en forma de anillo y a cenar y beber vino con un pie subido en la mesa. Este distintivo reconocía el valor de los bravos marinos que habían luchado y sobrevivido al cruzar aquel infierno de cabo. Por otra parte, todo el que encontrara el cadáver de un marino podría quedarse con el aro de oro, a cambio de darle cristiana sepultura.
Al contemplar la superficie marina, nos recreamos observando los magistrales vuelos de las aves marinas de estas frías aguas  y particularmente de los albatros que con su porte muy grande y envergadura de alas que supera los 3,4 m (la mayor de las aves voladoras actuales), se exhiben ante nuestros ojos en un planeo dinámico muy eficiente en el ahorro de energía, aprovechando las rachas de viento, que les permite recorrer grandes distancias con poco esfuerzo.

Sobre las cuatro de la tarde, avistamos el Cabo de Hornos con su silueta de león agazapado. La isla de Hornos es alta y rocosa con numerosos acantilados, cubierta de hierba pero sin árboles, debido probablemente a los fuertes vientos que la azotan, con una intensidad máxima promedio en el período de 1982-1999 de 84 nudos y máxima registrada de 119 nudos.  

En un promontorio se alza el Faro Monumental y un edificio donde hay una dotación permanente de personal de la Armada de Chile, para mantener los faros encendidos y ejercer el control naval del tráfico marítimo de la zona. En la cima de la isla también se encuentra un monumento escultural, en honor a los marineros que perdieron la vida luchando contra estas bravías aguas, simbolizado por la silueta de un albatros en vuelo con las alas abiertas.Grabado en mármol al pie del monumento, se encuentra el famoso poema de Sara Vial de los Heros:
Soy el albatros que te espera
en el final del mundo.
Soy el alma olvidada de los marinos muertos
que cruzaron el Cabo de Hornos
desde todos los mares de la Tierra.
Pero ellos no murieron
en las furiosas olas.
Hoy vuelan en mis alas
hacia la eternidad,
en la última grieta
de los vientos antárticos.
Esta roca maldita situada en el extremo austral de América, evoca multitud de leyendas y cualquier marinero actual sigue hablando con mucho respeto de sus embravecidas aguas.

1 comentario:

  1. FASTUOSO !!!!
    Eres un artista; tanto por las fotos como por el texto. Se nota que te los has currado mucho.
    Una grata sorpresa las fotos; yo pensaba que tendrían que ser fotos con poca resolución por un tema de tamaño, pero se ven de puta madre !!!
    Felicidades,

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